. Hoy No Me Muero

¿Se ha detenido usted nena a pensar en su propia muerte en las últimas 24 horas? Tanto tú como yo y la inmensa mayoría de las personas vivimos en la absoluta certeza que terminaremos el día de hoy de la misma manera que lo comenzamos n_n, tal como ha sido hasta ahora. Nadie conoce el día exacto y el momento preciso de su muerte. Por lo mismo, vivimos convencidos de que hoy no será el último día. La conciencia de que nacemos con los días contados nos aterra y transforma en seres arrogantes y soberbios, negadores de esta verdad indiscutible de la condición humana, y pasamos la vida apostando a una existencia infinita. El temor a nuestra propia muerte es algo a lo que ningún ser humano queda ajeno, tal vez por tratarse de un proceso único e irreversible, que sólo conoceremos al momento de experimentarlo por primera y única vez.
Al enfrentar la muerte de algún ser querido, junto con el inmenso dolor que implica esa pérdida se nos desvanece la capacidad de disociación que nos permitía vivir inocentemente, negando la propia muerte, y sólo entonces se nos hace evidente la existencia de nuestro último día.
Hay distintas actitudes para enfrentar la muerte; cada uno tiene la que más le acomoda. La más generalizada consiste en alejarla lo más posible, como algo ajeno y contrario a la vida misma. Otras personas, en cambio, prefieren familiarizarse con ella, perdiendo el temor y transformándola en parte de su cotidianidad, infundiéndole a la mayoría de sus actos un profundo sentimiento de transitoriedad y trascendencia.
Aquellos que poseen el don de la fe asumen la muerte como un paso necesario a la vida eterna, un anhelado destino que les da sentido a sus vidas. La muerte sería la trascendencia de la vida y una oportunidad de "ganarse" el derecho a llegar al final del camino, la vida eterna.
Los que no creen en otras vidas distintas ni mejores que ésta, le otorgan a la vida un valor por sí misma, considerando cada instante único e irrepetible. El valor no se encontraría en el futuro, sino en el presente y en las posibilidades de trascender, pero en esta vida.
Los que creen en la reencarnación validan la muerte como un requisito indispensable en el camino de la superación personal, pero en vidas sucesivas.
Desde la perspectiva neurobiológica, la vida es una secuencia de "momentos" perfectamente identificables y acotados, con un comienzo y un final determinados. Cada instante va seguido de otro diferente al anterior, cuya finalidad es conservar el equilibrio homeostático, necesario para mantenernos vivos. Si este equilibrio se altera, ya sea por envejecimiento celular u otros motivos patológicos, la vida sencillamente se acaba, en ese preciso instante.
Los médicos poseen una especial inclinación a luchar contra la muerte, promoviendo todo aquello que prolongue la vida y nos aleje de ella, a veces hasta límites irracionales. ^^
Así vista la muerte, puede ser un hecho glorioso, sin el cual la vida no tendría ningún sentido, o simplemente un proceso biológico natural e inherente a la vida, o una tremenda e injusta desgracia que tarde o temprano la ciencia y la tecnología se harán cargo de superar. ¬¬ Difícilmente lo creo.
La muerte no hay que pensarla, ni siquiera esperarla. Ella se anunciará oportunamente, en el instante preciso.


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