. donde se limpian las manos los obreros.

le pregunté desde dónde me estaba escribiendo, desde Guayaquil – me contestó.
si, mi amigo se había ido el quince a Ecuador, y ahora se encontraba en el principal puerto comercial de allá, Guayaquil, Ecuador. de nuevo, dónde? Guayaquil, guayaquel, guayamol, chagamol, me hace risas , si suena como el tónico que usan los maestros de la construcción para sacarse la pintura de las manos. – se rió.
me contó del calor de locos que hacía por esos lugares. todos los días había salido a caminar, como lo hace habitualmente en santiago, siempre a la hora de almuerzo, con cd player en mano | el takk dentro | y audífonos ya instalados, que manera de desconectarse del mundo, y en plena alameda, cuando sale en busca de una “fuente de soda de mala muerte” como alguna vez les llamé. oh! cuánto lo siento! …y pensamos comer esta vez en alguno mejor. si debimos haber entrado donde vimos las pomposas pizzas bien coloridas, en una 'pizza hut' terminamos comiendo. dios!
en fin, él se había hecho dependiente del aire acondicionado, ese con el que te ahogas dentro de un auto y del que necesité por casi cincuenta horas en un asiento de bus. “siguiente parada: florianópolis. ¡felicidades usted ha completado la mitad de su viaje!”
pese a todo, se encontraba bien, y aun mejor, encontró un lugar donde la piratería era legal. legal? – le dije. y qué pasa con los artistas, los músicos? qué pasa con los productores, los sellos discográficos? – le pregunté. un dolar cuesta un dvd, y menos todavía un disco. no sabía nada más.
me gustaría saber más del tema. googlea – me dijó.
de todas formas, un dvd de sinéad me va a traer (según dijo), un plageo eso si... dvd de sinéad o’connor al fin y al cabo.
si, mi amigo se había ido el quince a Ecuador, y ahora se encontraba en el principal puerto comercial de allá, Guayaquil, Ecuador. de nuevo, dónde? Guayaquil, guayaquel, guayamol, chagamol, me hace risas , si suena como el tónico que usan los maestros de la construcción para sacarse la pintura de las manos. – se rió.
me contó del calor de locos que hacía por esos lugares. todos los días había salido a caminar, como lo hace habitualmente en santiago, siempre a la hora de almuerzo, con cd player en mano | el takk dentro | y audífonos ya instalados, que manera de desconectarse del mundo, y en plena alameda, cuando sale en busca de una “fuente de soda de mala muerte” como alguna vez les llamé. oh! cuánto lo siento! …y pensamos comer esta vez en alguno mejor. si debimos haber entrado donde vimos las pomposas pizzas bien coloridas, en una 'pizza hut' terminamos comiendo. dios!
en fin, él se había hecho dependiente del aire acondicionado, ese con el que te ahogas dentro de un auto y del que necesité por casi cincuenta horas en un asiento de bus. “siguiente parada: florianópolis. ¡felicidades usted ha completado la mitad de su viaje!”
pese a todo, se encontraba bien, y aun mejor, encontró un lugar donde la piratería era legal. legal? – le dije. y qué pasa con los artistas, los músicos? qué pasa con los productores, los sellos discográficos? – le pregunté. un dolar cuesta un dvd, y menos todavía un disco. no sabía nada más.
me gustaría saber más del tema. googlea – me dijó.
de todas formas, un dvd de sinéad me va a traer (según dijo), un plageo eso si... dvd de sinéad o’connor al fin y al cabo.
| camila.


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